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Relato da venezuelana Alba Marina

Boa Vista es una ciudad linda para vivir, calles amplias, limpias e iluminadas, una comunidad amable y calurosa, muy calurosa, sin embargo, ante lo que no se espera surge el recelo. Nosotros no éramos esperados. Ahora venezolanos ocupan las calles, las puertas de supermercados, las construcciones y los «abrigos improvisados» y dejan un sabor amargo en muchos ciudadanos de por aquí, empero, para mí es una oportunidad que estaba buscando con los ojos cerrados, tropezando con obstáculos hasta caer rendida en los brazos de mi destino.

Mi camino con la Fraternidade Sem Fronteiras (FSF) se cruzó una mañana de octubre a través de una llamada, de una pregunta y una respuesta acertada. Digamos que fue el destino, la Ley de Atracción o lo que es igual: el clamor de mi corazón pidiendo un cambio de vida para los venezolanos que vivían en las calles; un clamor que todos a mi alrededor pudieron sentir. Fue a través de este sentimiento que conocí a Epifânio Vanessa, a Talitha Macêdo, Wagner Moura Gomes, a Dalva, André, Leonardo y muchas otras personas que me han acompañado durante este proceso de aprendizaje.

La sonrisa de los niños que me gritan [maestraaa, tíaaa] mientras corren emocionados a abrazarme; la alegría de los hombres y las mujeres que me ven llegar como una solución; el apoyo de Francisco y su esposa, venezolanos refugiados que cocinan para todos en el abrigo emergencial de Tancredo de manera voluntaria por la única razón de sentirse útiles; el abrazo de Maryori que llora en mis hombros para desahogarse y seguir adelante; las palabras de aliento de Héctor, Carlos y el grupo de Maturín, el vaso de agua de Xiomara, la confianza de Laura y de muchos que acuden a mí en busca de orientación; así como, la oportunidad de ver personas compartir su comida conmigo a pesar que es lo único que tienen son experiencias que no tienen precio. Hoy sé que estoy construyendo esperanzas, aquella que decía Rebeca [inmigrante venezolana] cuando la entrevistamos en la Rodoviaría que encontraría en Boa Vista.

Pero yo solo soy un puente que construyó la FSF para ejercer su labor de amor en Boa Vista, y no saben cuan agradecida estoy de haber sido escogida por el Sr. Wagner aquel día. Su trabajo comenzó conmigo, él me dio esperanza, tal vez ellos no lo saben pero yo fui la primera inmigrante rescatada por la FSF y estoy segura que no seré la última. Gracias Wagner Moura Gomes.

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